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Papilomavirus humano. Vacuna
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Febrero de 2007 |
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Comité Asesor de Vacunas de la AEP
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también articulo y editorial publicado en Anales
El papilomavirus humano (PVH) constituye la
infección de transmisión sexual más frecuente del mundo, de tal
manera que virtualmente todo individuo sexualmente activo estará
expuesto en algún momento de su vida a este virus.1 Hoy
sabemos que la infección persistente por algunos tipos de PVH (de
alto riesgo oncogénico) constituye un factor causal indispensable,
aunque no suficiente, para el desarrollo del cáncer de cérvix, y se
ha relacionado también con otras formas de cáncer anogenital, de vía
aérea y digestivo.2-5 Además la infección por otros tipos
de PVH denominados de bajo riesgo oncogénico, condiciona una
importante morbilidad al producir verrugas y lesiones anogenitales
de bajo grado.1,6,7
Aunque estas
patologías son mayoritariamente ginecológicas o se presentan de
manera habitual fuera de la edad pediátrica -en el caso del cáncer
de cérvix, en la cuarta-quinta década de la vida-, la adquisición
del precursor necesario para su desarrollo, el papilomavirus humano
(PVH) se puede producir ya con el inicio de las relaciones sexuales
en la adolescencia.8-12 Por otro lado, la inminente
disponibilidad de vacunas profilácticas eficaces frente a la
infección por PVH, así como el hecho de que la eficacia de estas
vacunas estaría condicionada en gran medida por su aplicación antes
de que el sujeto entre en contacto con el PVH (es decir, antes del
comienzo de su actividad sexual, en la época prepuberal),13-15
sitúan al pediatra ante un nuevo reto: la prevención desde la
infancia de toda la patología relacionada con el PVH, y
paradigmáticamente, el cáncer de cérvix.
En este artículo revisamos los aspectos
esenciales de la infección por papilomavirus humano, su relación con
el cáncer cérvix y otras formas de enfermedad, los avances recientes
en sus vacunas preventivas y el papel del pediatra en este contexto.
Características y tipos de papilomavirus humanos (PVH)
Los PVH son virus
DNA de doble cadena sin envoltura y simetría icosaédrica con cápside
de 72 capsómeros y de la familia Papovaviridae, que infectan
preferencialmente las células epiteliales, donde crecen lentamente y
se autorreproducen en el interior del núcleo.1,4,16
Habitualmente los PVH se dividen en cutáneos y mucosos.1
Los PVH cutáneos (tipos 1, 2 y 4) son los causantes de las verrugas
comunes y plantares.1 Entre los más de 120 tipos de
papilomavirus identificados molecularmente, alrededor de 40 pueden
infectar la mucosa genital mediante transmisión sexual, y entre 13 y
18 son considerados altamente carcinogénicos, oncogénicos o de alto
riesgo (Figura 1).1,4,16

La mayoría de estos PVH de alto
riesgo están además relacionados filogenéticamente con sólo dos
tipos: el PVH 16 (tipos 31,33,35,52,58) o el PVH 18 (tipos
39,45,59,68).1,4,16 Estudios epidemiológicos sobre la
prevalencia de los diferentes tipos de PVH en el cáncer de cérvix
muestran sin embargo que la mayoría de los cánceres cervicales (60 a
72%) están relacionados con sólo dos tipos: el PVH 16 y el PVH 18.14-17
Los PVH oncogénicos están también implicados en el desarrollo de
otros tipos menos frecuentes de cáncer, como el de canal anal,
vulva, pene u orofaringe (Figura 2).1,3,4,18,19 Por otro
lado, la infección con virus considerados de bajo riesgo oncogénico,
fundamentalmente los tipos 6 y 11, puede causar verrugas
anogenitales (condilomas acuminados) y neoplasias intraepiteliales
de bajo grado de vagina, vulva, cérvix, pene y ano.1,6,7

Manifestaciones clínicas, transmisión y prevalencia de la infección por
PVH mucosos
La manifestación clínica más común y conocida de
los PVH mucosos son las verrugas genitales (condilomas acuminados),
ocasionada en el 90% de los casos por los PVH 6 y 11.1,7
Esta patología aunque no es maligna, condiciona una importante
morbilidad, implicaciones psicosociales y un coste sanitario
significativo.7,20,21
La infección por PVH mucosos no constituye una
patología pediátrica frecuente, y su mecanismo de transmisión puede
ser sexual, horizontal o vertical.7,20,21 El periodo
medio de incubación en infecciones por PVH es desconocido en niños.7
Se han descrito verrugas genitales infantiles como signo de abuso
sexual, si bien la presencia exclusiva de verrugas genitales no es
diagnóstica, y el valor predictivo positivo de este hallazgo
aumentaría con la edad.7,20,21 La transmisión vertical de
algunos tipos de PVH de la madre al niño, puede originar la
colonización e infección del tracto respiratorio del niño dando
lugar a la papilomatosis respiratoria recurrente, un cuadro grave y
de difícil tratamiento.7,20,21 Los papilomas laríngeos
constituyen los tumores de laringe más frecuentes en la infancia.7,20,21
Se ha postulado también la posibilidad de transmisión de PVH a
través de fomites, pero es una posibilidad remota y no probada.7,20,21
La infección por PVH en el adulto es
fundamentalmente una enfermedad de transmisión sexual, con un
periodo de incubación que dura de semanas a meses.1 Hay
una serie de hechos importantes a considerar en su mecanismo de
transmisión: 1) es necesaria la existencia de un contacto sexual,
sin que necesariamente exista penetración vaginal; 2) el hombre
actúa como portador; y 3) la persona fuente de contagio padece por
lo general una infección subclínica.1,8-12
El condón no
previene totalmente la infección por PVH, ya que el virus puede
estar en el perineo, en el escroto, o en la región perianal.22-24
No obstante, y aún cuando la protección no es total, los condones
suponen una protección significativa, y disminuyen la incidencia de
neoplasias intraepiteliales cervicales (CIN) 2/3, de verrugas
genitales y de cáncer de cérvix invasivo.22-24 Este hecho
tiene gran importancia en el dialogo del pediatra con los
adolescentes, dado que una transmisión “inadecuada” de esta
información puede dar lugar a un mensaje erróneo sobre la protección
frente a ésta y otras enfermedades de transmisión sexual.22-24
Las infecciones del cérvix ocasionadas por PVH
son muy comunes, especialmente entre mujeres jóvenes.1,8-12.
Desde el momento en que se inician las relaciones sexuales,
transcurre una mediana de sólo tres meses hasta la adquisición de la
infección por PVH,12 y más de la mitad de las
adolescentes, tendrán más de un tipo de PVH.11 Se
refieren en la literatura tasas de prevalencia que oscilan entre un
25 y un 65% en chicas adolescentes sexualmente activas y que pueden
alcanzar hasta el 82% en los dos primeros años desde el inicio de la
actividad sexual. 1,8-12 En general las manifestaciones
cervicales son subclínicas, y se diagnostican mediante colposcopia,
frotis cervical o biopsia.1,8-12
Factores de riesgo y protección de la infección por PVH
Los dos principales factores determinantes de la
infección por el PVH son la edad y la actividad sexual.1,8-12,25-27
Las mujeres jóvenes son las que mayor riesgo tienen, que se
incrementa con el número de compañeros sexuales (recientes y
globales), y a su vez con la promiscuidad de su compañero.8-12,25-27
Aquellos individuos que inician su actividad sexual más precozmente,
adquieren la infección por PVH con mayor frecuencia.25,26
No obstante, es importante el hecho de que no
es exclusivamente una razón de comportamiento el que los
adolescentes adquieran la infección por PVH: el PVH tiene especial
avidez por las células cilíndricas, por lo que los cambios
metaplásicos que acontecen de forma natural en el cérvix de las
adolescentes, constituye un terreno muy fértil para la adquisición
del PVH.1
Posteriormente la incidencia de la infección por PVH disminuirá con
la edad, debido también a cambios en la respuesta inmune, para tener
un nuevo repunte en los años peri y postmenopáusicos.28
Existen otros cofactores potencialmente favorecedores de la
infección por PVH tales como la dieta, el tabaco, la paridad, otros
agentes infecciosos (el herpes simple o la Chlamydia), las
alteraciones en el estado inmunológico (VIH u otras enfermedades y
situaciones de inmunosupresión), y los anticonceptivos hormonales.1,29
Se han descrito elementos protectores frente a la
infección persistente por PVH relacionados con el consumo de frutas
y vegetales, así como con los niveles circulantes, o e forma de
aportes dietéticos o medicamentosos, de vitamina C y E, carotenos,
licopeno, luteína, zeaxantina y criptoxantina.30
Igualmente, se han identificados perfiles de bajo y alto riesgo en
función del patrón de polimorfismos presentes en el sistema de
antígenos leucocitarios humanos (sistema HLA).31
Respuesta inmune frente a PVH
Los PVH cuentan con múltiples mecanismos para
evitar la respuesta de nuestro sistema inmunitario.32-34
Los PVH infectan y se multiplican en los queratinocitos, células
distantes de los centros inmunes y con una vida media muy corta, lo
que hace innecesaria la destrucción de la célula por parte del
virus, evitando así la activación de la respuesta inflamatoria e
inmune.32-34 Además, los PVH disminuyen los niveles de
interferón, diminuyendo la expresión de los genes responsables de su
producción.32-34 No obstante, nuestro sistema inmune será
capaz de superar la mayoría de las infecciones por PVH mediante una
potente respuesta inmune celular localizada, que logra la regresión
de la lesión y la generación de anticuerpos séricos neutralizantes
dirigidos contra los epítopos de la proteína L1 expresados en la
superficie externa de la partícula viral intacta. 32-34
El nivel de anticuerpos que generan incluso durante el pico máximo
es bajo, probablemente por la ausencia de viremia (por el ciclo
intraepitelial del virus) y la producción de las partículas virales
en la superficie de la células epiteliales (que están lejos de
macrófagos y células presentadoras de antígenos); no obstante, la
seropositividad protege frente a una nueva infección por ese mismo
virus, incluso con unos títulos bajos.32-34
Infección por PVH y cáncer de cérvix
El cáncer de cérvix constituye la forma de
neoplasia relacionada con una infección más frecuente del mundo y es
el cáncer más frecuente en el sexo femenino después del cáncer de
mama: mata 250.000 mujeres al año en el mundo, alrededor de 750 al
año en España.13-15 La instauración de programas de
detección precoz y controles seriados, han permitido un control
relativo de la enfermedad, que hace que menos del 20% de los 500.000
nuevos casos de cáncer de cérvix que se producen cada año,
acontezcan en los países más desarrollados y que poseen estos
programas de detección.13-15
Existe un cuerpo de evidencia convincente que demuestra
que el PVH actúa como agente etiológico en el cáncer de cérvix: se
ha encontrado ARN mensajero y proteínas de PVH de alto riesgo en la
mayoría de las lesiones displásicas y cánceres cervicales, y ADN en
el 99,7% de los tejidos cancerígenos cervicales.2-5 De hecho, el PVH cumple todos los criterios marcados por la Agencia
Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC) para ser
considerado un agente carcinogénico.2-5 Además puede
originar cáncer del canal anal, vulva, pene y orofaringe.2-5
Por tanto, reafirmamos que para que se produzca un cáncer de cérvix,
es necesaria –aunque no suficiente- una infección previa por PVH.2-5
No obstante, a pesar de la frecuencia de estas
infecciones, en la mayoría de los casos la infección por PVH es
eliminada eficazmente por el organismo, ocasionando anomalías
citológicas o histológicas cervicales menores y transitorias,
habitualmente subclínicas.2-5 Por lo general, el virus se
elimina en el plazo de uno o dos años, sin embargo la persistencia
de cualquiera de los aproximadamente 13 a 18 genotipos de PVH
carcinogénicos, causará en la mayoría de los casos una lesión
precancerígena cervical cuyo diagnóstico no se establece hasta
varios años después de la infección causante, o un cáncer invasivo
que se diagnosticará al menos 20 años después de la infección.2-5
Sólo
si esta infección persiste y progresa, puede originar lesiones
precancerosas, que en determinados individuos evolucionarán hasta la
situación de cáncer invasivo.2-5
El intervalo entre la adquisición de la
infección por PVH y la progresión hacia malignidad durará al menos
10 años, por lo que el cáncer de cérvix es poco habitual en mujeres
por debajo de los 25 años, y su incidencia aumenta progresivamente
hasta un pico entre los 40 y los 50 años de edad.35
Los programas de
detección y control hacen prevenible el cáncer de cérvix, mediante
el diagnóstico y el tratamiento de lesiones cervicales precursoras
que podrían evolucionar hacia cáncer invasivo.13-15 El
gran éxito de las estrategias de prevención de cáncer de cérvix en
países industrializados se objetiva por ejemplo en los Estados
Unidos, donde la incidencia de cáncer de cérvix ha disminuido un 75%
en los últimos 40 años.13 Sin embargo la instauración y
el mantenimiento de programas de detección efectivos es difícil y a
veces inviable, en los países en desarrollo.13-15 Por
otro lado, estos programas no previenen la infección por PVH, ni el
desarrollo de lesiones cervicales de alto grado de malignidad (CIN 2
y 3) ni lesiones de bajo grado de malignidad (CIN 1) persistentes
que también requieren tratamiento, ni la aparición de otras formas
de cáncer no cervical o de verrugas genitales relacionadas con el
PVH.13-15 El desarrollo de vacunas cuya formulación
incluya los tipos de PVH más comúnmente implicados en estas
patologías podría reducir significativamente la mortalidad, la
morbilidad y los costes relacionados con la infección por PVH.
Inmunización frente a PVH
En los últimos años se ha avanzado de manera importante en el
desarrollo de vacunas frente a PVH y han sido publicados los
resultados de diversos estudios fase II mostrando excelentes
resultados de inmunogenicidad y seguridad en la prevención de la
infección por PVH utilizando vacunas frente al PVH basadas en la
utilización de partículas similares al virus (PSV).13-15, 36-39.
Las PSVs se obtienen mediante la síntesis y auto-ensamblamiento in
vitro de las proteínas principales de la cápside del virus
papilomavirus humano (L1); son idénticas morfológicamente a los
viriones de PVH, pero al no contener ADN viral no pueden transmitir
el virus ni ocasionar la enfermedad, pero sí
inducen la
generación de anticuerpos neutralizantes y confieren protección
contra la adquisición del PVH.40-43
Los estudios iniciales con vacunas monovalentes mostraron la
seroconversión de prácticamente todos los vacunados, con títulos de
anticuerpos mucho más altos que los obtenidos mediante la infección
natural, y capaces de neutralizar in vitro PSVs.40-43
Además, entre un 5 y un 52% de las mujeres vacunadas, dependiendo
del tipo de PVH incluido en la vacuna, presentaban anticuerpos en
las secreciones cervicovaginales,42 y los niveles de
células T activadas especificas frente a PVH eran muy superiores a
los detectados en la infección natural,43 lo que sugiere
que la vacuna podría inducir respuestas inmunes adaptativas
superiores incluso a las de la infección natural.
En el momento actual dos vacunas polivalentes frente a
PVH están siendo objeto de estudios fase III y estarán pronto
disponibles en nuestro medio: la vacuna bivalente (Cervarix®,
GlaxoSmithKline) y la vacuna tetravalente (Gardasil®, Sanofi Pasteur
MSD) (
Tabla
1). Ambas vacunas son seguras, bien toleradas, y protegen
con una eficacia del 100% frente a la infección persistente por los
PVH 16 y 18, un paso biológico intermedio clave en la carcinogénesis
cervical.36-39 Su eficacia frente a la neoplasia cervical
intraepitelial grado 2 o superior producida por los PVH 16 y 18,
precursores del cáncer cervical, es también del 100% en función de
los datos ya difundidos y a la espera de la publicación los
resultados definitivos de los estudios fase III en marcha; en el
caso de la cuadrivalente, el grado de eficacia es igualmente elevado
en la protección frente a las verrugas genitales por PVH 6 y 11.
36-39, 44-50 Sabemos además que la vacuna es eficaz al menos
durante 4,5 años y 3 años, respectivamente para la vacuna bivalente39
y la cuadrivalente.37,45 Desde junio de 2006, la vacuna
cuadrivalente ha sido licenciada por la FDA47 y
recomendada desde ese mismo mes por el Advisory Committee on
Immunization Practice (ACIP) del Center for Disease Control and
Prevention (CDC) americano.48
En función de la historia natural de la infección por
PVH y la neoplasia cervical, parece lógico pensar que el momento
idóneo para alterar la historia natural del proceso y por tanto para
instaurar la vacunación frente PVH debería ser antes del contacto
con el virus, y por tanto, antes del inicio de la actividad sexual,
probablemente entre los 9 y los 12 años de edad.13-15 Los
modelos matemáticos reafirman la importancia de que la vacunación se
realice a esta edad13-15,51 y el ACIP del CDC americano
recomienda
que la primovacunación con la vacuna cuadrivalente se realice
idóneamente a los 11-12 años de edad,48
pero respetando, a discreción del médico, el rango aprobado por la
FDA desde los 9 a los 26 años.47
Alrededor del 30% de los canceres cervicales mundiales
están asociados con otros tipos de PVH oncogénicos distintos del 16
y el 18, tales como el los PVH 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58,
59 y 66.1,4,14-17.
A pesar
de la similitud filogenética entre varios de estos tipos en la
proteina L1, las infecciones genitales por PVH se caracterizan por
respuestas tipo específicas, y sólo los PVH 6 y 11, 31 y 33, y 18 y
45 parecen compartir un epítopo neutralizante.33 En
este sentido se ha referido en la literatura que en el caso de la
vacuna bivalente podría existir protección cruzada con los tipos 31
y 45, con una eficacia del 55% (IC95% 12-78) y el 94% (IC95% 63-100)
respectivamente.39,49 Con la vacuna cuadrivalente, se han
referido incrementos en los títulos de anticuerpos frente a los
tipos 31, 45, 52 y 58, pero no se han publicado todavía datos de
eficacia.45,50 En cualquier caso, los mecanismos de esta
protección cruzada no están claros.33
Si consideramos que los PVH 16 y 18 suponen aproximadamente la causa
del 70% de lo cánceres del cérvix, y que los PVH 6 y 11 son
responsables de prácticamente todos los casos de papilomatosis
respiratoria recurrente y de casi el 90% de las verrugas
anogentiales, la implantación de estas vacunas tendrá un impacto muy
significativo en estas patologías.13-15 Así, asumiendo
una eficacia tipo-específica de al menos el 90%, y al margen de las
dosis de refuerzo que pudiesen ser eventualmente necesarias, los
casos de displasia cervical de grado moderado o alto y carcinomas
“in situ” entre las mujeres vacunadas serían entre un tercio y la
mitad de los encontrados en las mujeres no vacunadas.13-15
El impacto de la vacunación en displasias de menor grado o
subclínicas es difícilmente evaluable y probablemente más modesto.13-15
Cuestiones por resolver sobre la vacunación frente a PVH
Las vacunas frente
al PVH han demostrado su eficacia frente a la prevención de la
infección persistente por los tipos de papilomavirus incluidos en
dichas vacunas, y los informes preliminares de los estudios fase III
de ambas vacunas también señalan una elevada eficacia también en la
prevención de las lesiones precancerígenas cervicales, así como en
la prevención de las verrugas genitales en el caso de la vacuna
cuadrivalente. Quedan, sin embargo, importantes interrogantes por
dilucidar, para muchos de los cuales ya están en marcha estudios
potencialmente aclaradores:
1.- La duración a
largo plazo de la protección, y la necesidad de una o varias dosis
de refuerzo tras la primovacunación, así como sus consecuencias en
la relación coste-beneficio de la vacunación preventiva.
2.- El efecto que
la vacunación frente a una enfermedad de transmisión sexual en
edades tan tempranas de la vida pueda tener sobre los conceptos y
los hábitos sexuales de los más jóvenes.
3.- La posibilidad
de reemplazamiento de los tipos de PVH incluidos en las vacunas por
otros tipos virales no incluidos.
4.- La eficacia y
el papel de la vacuna administrada en el sexo masculino, y la
importancia y la rentabilidad de su eventual vacunación.52
5.- Cómo afectaría
a corto y a medio plazo la introducción de la vacuna profiláctica
frente a PVH a los programas de detección de cáncer ya implantados e
institucionalizados.
6.- Determinar la
estrategia de vacunación en aquellos adultos jóvenes que previamente
hayan tenido un posible o probable contacto con el virus, o incluso
un contacto confirmado.
7.- Establecer la
titulación de anticuerpos protectores.
8.- Confirmar la
existencia de protección cruzada frente a otros serotipos no
incluidos en la vacuna, y evaluar la importancia de la misma en el
impacto vacunal.
9.- Evaluar la
eficacia de la vacuna en la prevención de otros cánceres y formas de
enfermedad relacionadas con la infección por PVH distintos del
cáncer de cervix.
10.- Conocer como
afectará a los sujetos vacunados la exposición posterior al virus
salvaje frente al que está vacunado, así como a otros tipos no
incluidos.
11.- Corroborar el
perfil de elevada seguridad que hasta la fecha han mostrado estas
vacunas, una vez aplicadas a gran escala.
12.
Establecer la inmunogenicidad y seguridad de la vacuna en
poblaciones inmnodeprimidas (SIDA, transplantados) o con otras
afecciones endémicas (heptitis B, malaria)
13.- Evaluar el
papel de la vacunación en los países más desfavorecidos donde
acontece el 80% de los cánceres cervicales, y adecuar los costes de
la vacuna para lograr una implantación eficaz en este entorno.
Retos para el pediatra
Las vacunas frente al PVH estarán pronto
disponibles para su uso clínico. Los pediatras jugarán un papel
clave en la difusión y aceptación de la vacuna, así como en su
prescripción y consecución de elevadas coberturas vacunales en la
población preadolescente y adolescente. El hecho de que esta vacuna
prevenga una enfermedad que debuta en la edad adulta y que además
esta relacionada con la transmisión sexual, exigirá un diálogo
específico con los niños o sus padres o tutores sobre el tema.53-61
El grado de conocimiento por parte del pediatra de la infección por
VPH y de su elevada prevalencia entre adolescentes y adultos
jóvenes, su relación con el cáncer cervical y otras formas de cáncer
anogenital, de vía aérea y digestivo, así como con las verrugas
genitales, y el papel de la vacunación en la prevención de estas
patologías, influenciarán indudablemente la actitud del propio
pediatra frente a esta vacuna y exige un necesario esfuerzo de
actualización y formación continuada en la materia.53-61
Son muchos los
factores extrínsecos a la vacuna que condicionarán su éxito, y entre
ellos destaca la importancia del momento de vacunación.13-15,53-61
Los pediatras tendrán una responsabilidad esencial en la
implantación y difusión de esta vacuna, por su acceso a los
pacientes en la edad prepuberal y en la adolescencia precoz con más
probabilidad y eficacia que desde cualquier otra disciplina médica,
aspecto esencial si consideramos la necesidad de tres visitas en un
período de 6 meses para la realización de la pauta correcta de
vacunación.53
De hecho, la
existencia de un programa de salud del niño sano correctamente
incorporado y de elevada cumplimiento en nuestro país, pone a
nuestra disposición el sustrato idóneo para la captación del
paciente en la edad adecuada para su inmunización. De este modo, el
control de salud a los 12 años que en su momento fue utilizado para
realizar el catch-up con la vacunación frente a Hepatitis B,
eventualmente podría ser utilizado para la inmunización frente a
PVH.
Estudios preliminares sobre la problemática de la implantación de la
vacuna, señalan que la reticencia o rechazo de la vacunación por
parte de los padres y los propios adolescentes será la principal
barrera para su introducción.53-61 Aunque este aspecto
todavía no se ha evaluado específicamente en nuestro país, la
tradición y el respaldo que suponen la opinión y la recomendación
del pediatra sobre la inmunización frente a una enfermedad, y más en
nuestro entorno, puede tener una influencia muy importante en la
decisión y el posicionamiento de los padres o adolescentes frente a
la vacuna.53-61
Conclusiones
La identificación de la relación del PVH con el
cáncer de cérvix y otras formas de cáncer epitelial, los enormes
costes económicos y sociales relacionados con la enfermedad, el
conocimiento de los factores de riesgo epidemiológicos para la
infección y la historia natural de la enfermedad y la próxima
disponibilidad de vacunas preventivas eficaces proporcionan una
oportunidad única en la historia para ejecutar una estrategia de
prevención primaria del cáncer de cérvix, sus precursores y otras
patologías relacionadas ocasionadas por los PVH como las verrugas
genitales o la papilomatosis laríngea recurrente.
La vacuna frente al PVH abre una nueva línea de
prevención durante la edad pediátrica de patologías de presentación
habitual y característica en la edad adulta, pero que pueden
iniciarse ya durante la infancia. Constituye una necesidad de primer
orden realizar la formación específica de los profesionales de la
pediatría en este terreno.
Aunque todavía
existen diversas cuestiones por esclarecer respecto a la vacuna
frente al PVH, su disponibilidad es inminente, y una vez más el
pediatra jugará un papel determinante y esencial, no siempre
reconocido, en su aceptación y difusión, en su correcta
administración y grado de cobertura alcanzada, e incluso en la
sensibilización de las autoridades sanitarias implicadas en las
decisiones de salud global. Sin duda un nuevo reto que los pediatras
abordaremos con profesionalidad y eficacia, buscando como siempre,
lo mejor para la salud presente y futura de nuestros niños.
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