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Actitud y profilaxis frente a las reacciones adversas vacunales

actualizado a 1 de Abril, 2005

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Descripción de las reacciones adversas

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Actitud y profilaxis

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Los profesionales sanitarios implicados en el acto vacunal deben conocer las reacciones adversas más frecuentes para poder identificarlos de forma precoz y poder adoptar las medidas oportunas lo más rápidamente posible.
Tres son las funciones básicas que deben desarrollarse desde la atención primaria de salud del niño en la vigilancia de los efectos adversos de las vacunas:

Función educativa, explicando a los padres y tutores los beneficios que se derivan de la vacunación, las enfermedades que previenen, alertando de los posibles efectos secundarios que pueden aparecer.

Función preventiva, conociendo las reacciones adversas más frecuentes para su correcta identificación y tratamiento, conociendo las contraindicaciones verdaderas para evitar posponer innecesariamente las inmunizaciones indicadas e identificar los pacientes con mayor riesgo de reacciones adversas o graves. Así mismo, deben tener la formación adecuada para la identificación de reacciones anafilácticas y urgencias asociadas a la administración de vacunas potencialmente tratables y para el manejo pertinente de las mismas.

Función de vigilancia, activa o pasiva, detectando eventos adversos inesperados, comunicándolos a través de los programas de farmacovigilancia.
 

Función educativa: información sobre seguridad de vacunas

Los riesgos derivados del acto vacunal, aunque escasos y, en su mayoría, leves, pueden aparecer de forma impredecible. Por ello, los padres o tutores del paciente que recibe la vacuna deben conocer, además de los beneficios que puede aportar la inmunización activa a sus hijos, los efectos adversos que pueden aparecer tras la administración de la misma. Es necesario que disipen sus dudas o temores y se les debe alentar a preguntar todo aquello que necesiten para sentirse bien informados. Previo a la administración es necesario interrogar a los padres sobre el paciente para descartar la existencia de algún factor que contraindique la vacunación.

Los padres deben saber que:

  • los riesgos de contraer una enfermedad grave por no administrar la vacuna son mucho mayores que el riesgo de que la vacuna produzca una reacción adversa importante.

  • las vacunas pueden tener efectos secundarios, que varían en intensidad según el tipo de vacuna que se administre. Pueden ser locales (enrojecimiento, hinchazón o dolor en el lugar de la punción) o sistémicos (fiebre leve). Hay que advertirles que es normal que exista una ligera molestia durante varios días, que no debe ser motivo de alarma.
    deben consultarnos ante cualquier reacción importante o persistente que presente el paciente, para que podamos proceder a evaluarla y valoremos si puede existir relación con el acto vacunal.

Funcion preventiva

Formación adecuada sobre las reacciones previsibles frecuentes y capacidad de actuación sobre las inusuales.

Las reacciones inducidas por la vacunación son, por lo general, difíciles o imposibles de prevenir por el personal implicado en el acto vacunal. El conocimiento de la existencia y de la frecuencia de aparición de los efectos adversos de cada vacuna por parte del profesional sanitario junto con el despistaje de la existencia de factores que la contraindiquen o nos exijan tomar precauciones, puede contribuir a disminuir el riesgo. Por ejemplo, la profilaxis mediante la utilización de antitérmicos y antiinflamatorios está especialmente indicada en aquellos pacientes que han presentado reacciones adversas en dosis previas de inmunización.

A diferencia de las reacciones inducidas por la vacunación, las reacciones debidas a errores del programa pueden limitarse o prevenirse en gran medida, dado que en su mayoría son producidas por errores humanos. Puede prevenirse mediante la capacitación debida del personal responsable de la vacunación, facilitándole su formación continuada, y el suministro apropiado y seguro del equipo de inyección.

Las reglas básicas para evitar los errores de programa son (OMS):

  • Utilizar aguja y jeringuilla estériles para cada inyección.

  • Reconstituir la vacuna únicamente con el diluyente proporcionado por el fabricante para la vacuna.

  • Desechar la vacuna reconstituida después de 6 horas y nunca conservarla durante toda la noche.

  • Utilizar un refrigerador específico para el almacenamiento de las vacunas, ya que éstas deben permanecer a temperatura constante y reiteradas aperturas del refrigerador podrían alterar sus cualidades, usando uno diferente para almacenar los fármacos y otras sustancias.

  • Capacitar y supervisar adecuadamente al personal implicado para que observen las prácticas seguras de inyección.

  • Investigar cualquier error de programa para que éste no se repita.

     

Función de vigilancia: registro de vacunas, farmacovigilancia, notificación de reacciones adversas

El registro de vacunación constituye una de las fuentes de datos primarios del sistema de información sobre inmunización. Su función es conocer el estado vacunal del paciente, permitiendo evaluar correctamente las vacunaciones y así reducir los casos de calendarios vacunales incompletos. Así mismo, sirve como historia vacunal del paciente y permite transmitir información entre los diferentes profesionales sanitarios.

La Farmacovigilancia tiene como objeto la detección, verificación y cuantificación de las reacciones adversas a los medicamentos, minimizando así los riesgos derivados de la administración de un producto farmacológico. Esto permite establecer medidas reguladoras en caso necesario, además de ofrecer información a los profesionales sanitarios y al público en general sobre la naturaleza de los eventos detectados tanto en las fases de desarrollo clínico del producto como durante la fase poscomercialización.
El Sistema Español de Farmacovigilancia (SEFV), coordinado por el Ministerio de Sanidad y Consumo, es el órgano interterritorial integrado por administraciones sanitarias autonómicas, por Centros Regionales de Farmacovigilancia (CRFV) y por la División de Farmacovigilancia y Farmacoepidemiología de la Agencia del Medicamento, conectado con el programa oficial por la Organización Mundial de la Salud.
Su función es recopilar y elaborar la información sobre reacciones adversas medicamentosas.

Los profesionales sanitarios deben comunicar los efectos adversos que pudieran estar en relación con la administración de un medicamento. Para ello disponen del sistema de Notificación Espontánea de Reacciones Adversas, o "Tarjeta Amarilla", que consiste en un formulario elaborado para recoger las notificaciones de sospecha de reacciones adversas. Se basa en la notificación voluntaria, por parte de los profesionales sanitarios, de cualquier sospecha de Reacción Adversa observada en relación con el empleo de los medicamentos.


 

Bibliografía

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