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Actitud y profilaxis frente a las
reacciones adversas vacunales
Los profesionales sanitarios implicados en el acto vacunal deben conocer
las reacciones adversas más frecuentes para poder identificarlos de
forma precoz y poder adoptar las medidas oportunas lo más rápidamente
posible. Tres son las funciones básicas que deben desarrollarse desde la atención
primaria de salud del niño en la vigilancia de los efectos adversos de
las vacunas:
Función educativa, explicando a los padres y tutores los beneficios que
se derivan de la vacunación, las enfermedades que previenen, alertando
de los posibles efectos secundarios que pueden aparecer.
Función preventiva, conociendo las reacciones adversas más frecuentes
para su correcta identificación y tratamiento, conociendo las
contraindicaciones verdaderas para evitar posponer innecesariamente las
inmunizaciones indicadas e identificar los pacientes con mayor riesgo de
reacciones adversas o graves. Así mismo, deben tener la formación
adecuada para la identificación de reacciones anafilácticas y urgencias
asociadas a la administración de vacunas potencialmente tratables y para
el manejo pertinente de las mismas.
Función de vigilancia, activa o pasiva, detectando eventos adversos
inesperados, comunicándolos a través de los programas de farmacovigilancia.
Función educativa: información sobre seguridad de vacunas
Los riesgos derivados del acto vacunal, aunque escasos y, en su mayoría,
leves, pueden aparecer de forma impredecible. Por ello, los padres o
tutores del paciente que recibe la vacuna deben conocer, además de los
beneficios que puede aportar la inmunización activa a sus hijos, los
efectos adversos que pueden aparecer tras la administración de la misma.
Es necesario que disipen sus dudas o temores y se les debe alentar a
preguntar todo aquello que necesiten para sentirse bien informados.
Previo a la administración es necesario interrogar a los padres sobre el
paciente para descartar la existencia de algún factor que contraindique
la vacunación.
Los padres deben saber que:
-
los riesgos de contraer una enfermedad grave por no administrar la
vacuna son mucho mayores que el riesgo de que la vacuna produzca una
reacción adversa importante.
-
las vacunas pueden tener efectos secundarios, que varían en intensidad
según el tipo de vacuna que se administre. Pueden ser locales
(enrojecimiento, hinchazón o dolor en el lugar de la punción) o
sistémicos (fiebre leve). Hay que advertirles que es normal que exista
una ligera molestia durante varios días, que no debe ser motivo de
alarma. deben consultarnos ante cualquier reacción importante o persistente que
presente el paciente, para que podamos proceder a evaluarla y valoremos
si puede existir relación con el acto vacunal.
Funcion preventiva
Formación adecuada sobre las reacciones previsibles
frecuentes y capacidad de actuación sobre las inusuales.
Las reacciones inducidas por la vacunación son, por lo general,
difíciles o imposibles de prevenir por el personal implicado en el acto
vacunal. El conocimiento de la existencia y de la frecuencia de
aparición de los efectos adversos de cada vacuna por parte del
profesional sanitario junto con el despistaje de la existencia de
factores que la contraindiquen o nos exijan tomar precauciones, puede
contribuir a disminuir el riesgo. Por ejemplo, la profilaxis mediante la
utilización de antitérmicos y antiinflamatorios está especialmente
indicada en aquellos pacientes que han presentado reacciones adversas en
dosis previas de inmunización.
A diferencia de las reacciones inducidas por la vacunación, las
reacciones debidas a errores del programa pueden limitarse o prevenirse
en gran medida, dado que en su mayoría son producidas por errores
humanos. Puede prevenirse mediante la capacitación debida del personal
responsable de la vacunación, facilitándole su formación continuada, y
el suministro apropiado y seguro del equipo de inyección.
Las reglas básicas para evitar los errores de programa son (OMS):
-
Utilizar aguja y jeringuilla estériles para cada inyección.
-
Reconstituir la vacuna únicamente con el diluyente proporcionado por
el fabricante para la vacuna.
-
Desechar la vacuna reconstituida después de 6 horas y nunca
conservarla durante toda la noche.
-
Utilizar un refrigerador específico para el almacenamiento de las
vacunas, ya que éstas deben permanecer a temperatura constante y
reiteradas aperturas del refrigerador podrían alterar sus cualidades,
usando uno diferente para almacenar los fármacos y otras sustancias.
-
Capacitar y supervisar adecuadamente al personal implicado para que
observen las prácticas seguras de inyección.
-
Investigar cualquier error de programa para que éste no se repita.
Función de vigilancia: registro de vacunas, farmacovigilancia,
notificación de reacciones adversas
El registro de vacunación constituye una de las fuentes de datos
primarios del sistema de información sobre inmunización. Su función es
conocer el estado vacunal del paciente, permitiendo evaluar
correctamente las vacunaciones y así reducir los casos de calendarios vacunales incompletos. Así mismo, sirve como historia vacunal del
paciente y permite transmitir información entre los diferentes
profesionales sanitarios.
La Farmacovigilancia tiene como objeto la detección, verificación y
cuantificación de las reacciones adversas a los medicamentos,
minimizando así los riesgos derivados de la administración de un
producto farmacológico. Esto permite establecer medidas reguladoras en
caso necesario, además de ofrecer información a los profesionales
sanitarios y al público en general sobre la naturaleza de los eventos
detectados tanto en las fases de desarrollo clínico del producto como
durante la fase poscomercialización. El Sistema Español de Farmacovigilancia (SEFV), coordinado por el
Ministerio de Sanidad y Consumo, es el órgano interterritorial integrado
por administraciones sanitarias autonómicas, por Centros Regionales de
Farmacovigilancia (CRFV) y por la División de Farmacovigilancia y
Farmacoepidemiología de la Agencia del Medicamento, conectado con el
programa oficial por la Organización Mundial de la Salud. Su función es recopilar y elaborar la información sobre reacciones
adversas medicamentosas.
Los profesionales sanitarios deben comunicar los efectos adversos que
pudieran estar en relación con la administración de un medicamento. Para
ello disponen del sistema de Notificación Espontánea de Reacciones
Adversas, o "Tarjeta Amarilla", que consiste en un formulario elaborado
para recoger las notificaciones de sospecha de reacciones adversas. Se
basa en la notificación voluntaria, por parte de los profesionales
sanitarios, de cualquier sospecha de Reacción Adversa observada en
relación con el empleo de los medicamentos.
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