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Hepatitis B

actualizado a 1 de Abril, 2005

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Introducción- Hepatitis Viriásicas

Existen multitud de agentes virales que pueden dar lugar a lesión hepática en la que en el contexto de una infección diseminada participe el hígado como sería el caso de las hepatitis en el curso de una mononucleosis infecciosa, una infección por citomegalovirus (CMV), una rubéola, varicela, etc. Sin embargo cuando nos referimos a las hepatitis virásicas estamos hablando de virus que dan lugar a una afectación hepática preferente o exclusiva y para los que se ha acuñado la denominación de virus hepatotropos, de los cuales -por el momento- se han identificado siete y que se denominan: A, B, C, D, E, F y G, cuyas principales características se recogen en la tabla I.

El conocimiento de las hepatitis virásicas (HV) es muy antiguo y se pueden establecer distintas etapas históricas fundamentales:

1. La primera abarca hasta el siglo XX. Durante cerca de 2.000 años las HV estuvieron confundidas con el gran grupo de los “síndromes ictéricos”. Durante este tiempo se puso de manifiesto el carácter “militar” de esta afección ya que de forma casi constante era una enfermedad presente en las campañas militares y guerras de todas las épocas hasta tal punto que su presencia pudo contribuir a cambiar el curso de la historia.
2. La segunda época se inicia a comienzos del siglo XX al precisarse los aspectos clínicos y anatomopatológicos de las HV y al emitirse la hipótesis de su probable etiología viral, la cual fue confirmada durante la II Guerra Mundial por Mac Callum en Inglaterra y Voegt en Alemania.
3. En la tercera etapa se confirma la existencia de dos tipos de hepatitis virásicas, la hepatitis infecciosa o epidémica (IH) y la hepatitis sérica (SH).
4. La cuarta etapa se inicia con el descubrimiento del antígeno Australia (HBsAg) descrito por Blumberg junto con otros datos de gran interés, que abrieron unas extraordinarias perspectivas respecto al conocimiento de las HV y especialmente de la Hepatitis B.
5. Una quinta etapa correspondería al asilamiento de nuevos virus hepatotropos como el virus no-A, no-B que seguidamente se denominaría virus C; virus D; virus E, F, G y probablemente se irá avanzando a lo largo del alfabeto en un próximo futuro.

No solo se han hecho extraordinarios avances en el reconocimiento de agentes etiológicos de las HV. También se han dado pasos de enorme importancia en lo que respecta a su prevención y tratamiento. De hecho hoy disponemos de vacunas muy eficaces contra las hepatitis A y B; de marcadores serológicos que permiten identificar a portadores de hepatitis B y C y por lo tanto de evitar su transmisión a través de transfusiones, relaciones sexuales, etc. así como de tratamiento eficaces en caso de infección crónica por virus B y C.
 

Hepatitis B

El virus de la hepatitis B (VHB) pertenece a la familia de los hepadnavirus. Se trata de un pequeño virus de 42 nm de diámetro, de forma esférica. La cápsula exterior constituye lo que clásicamente se denomina “antígeno Australia” y que se conoce como antígeno de superficie o HbsAg. Se presenta en forma de partículas tubulares o esféricas y mediante microcopia electrónica se pueden apreciar tres tipos de partículas:
- partículas redondas de 22 nm de diámetro
- filamentos de 20 nm de diámetro y 600 nm de longitud, ambas corresponden a material viral en exceso, y
- partículas esféricas, en escarapela, con un tamaño de 42 nm, llamadas partículas de Dane

Las partículas redondas, los filamentos y la capa externa de la partícula de Dane corresponden al antígeno de superficie denominado HbsAg. Sin embargo el centro de la partícula de Dane (core) es antigenicamente distinto del resto y contiene un antígeno propio llamado HbcAg. También existe otra partícula antigénica soluble que es el antígeno e (HbeAg). En el interior del núcelo o core existe también una molécula de DNA y la enzima DNA-polimerasa (ver figura 1).

Estos antígenos virales dan lugar a la aparición de una serie de anticuerpos (ver tabla II) y su valoración nos permite precisar la situación del paciente ya que su presencia sigue una determinada cronología.

La prevalencia de la infección por el VHB varía dependiendo del área geográfica considerada, aunque hay que reconocer que la Hepatitis B es una de las enfermedades infecciosas más difundida en el mundo, ya que se calcula que el 5% de la población del planeta está infectada, lo que supone aproximadamente unos 300.000.000 de personas. Estas personas infectadas son los llamados “portadores sanos”. Por otra parte cada año mueren en el mundo entre 1 y 2 millones de personas como consecuencia de la Hepatitis B (HB). En relación a la prevalencia se pueden establecer aréas de endemia alta, intermedia y baja, según el porcentaje de portadores del VHB (ver tabla III).

En las áreas de baja endémia, menos del 2% de la población son portadores del VHB, es decir, son HbsAg (+); en las áreas de endemia intermedia el porcentaje de HbsAg (+) oscila entre el 2% y 7%, mientras que en las zonas de endemia elevada el porcentaje de portadores oscila entre el 8% y 20% (ver figura 2). Esta diferencia está relacionada con el momento en el cual se adquiere la infección. De hecho en las zonas de alta endemicidad, la infección se adquiere precozmente en el periodo perinatal por transmisión vertical y durante los primeros meses o años de vida. Sin embargo en los países desarrollados la mayoría de las infecciones por el VHB se adquieren durante la adolescencia y la vida adulta, especialmente por parte de personas con comportamientos de riesgo, como más adelante veremos.

El VHB se transmite por vía parenteral a través de transfusiones o de productos sanguíneos. Por otra parte cualquier fluido o secreción corporal puede transmitir el VHB si contiene sangre o suero en el que esté presente el virus. En los adolescentes y adultos la transmisión sexual tanto hetero como homosexual es un mecanismo frecuente de transmisión de la infección del VHB, actuando como factores de riesgo: la promiscuidad, la práctica de sexo no seguro, es decir, no protegido (no uso de preservativos), la coexistencia de enfermedades de transmisión sexual, la asociación del uso de drogas por vía parenteral, etc.

Una vía de transmisión del VHB de gran interés en Pediatría, es la transmisión vertical o materno-fetal de una madre con infección aguda o lo que es más frecuente portadora crónica a su hijo. Esta transmisión suele producirse en el momento del parto al entrar en contacto el neonato con sangre y/o secreciones maternas contaminadas por el VHB. Cuando la madre es HbsAg(+) y HbeAg(+) la probabilidad de transmisión al neonato es del 65-90%, mientras que cuando la madre es HbsAg(+) y HbeAg(-) el riesgo de transmisión vertical es del 5-30%.

Esta transmisión vertical tiene una enorme importancia, ya que el 70-90% de los recién nacidos que se infectan por este mecanismo se convierten en portadores crónicos de VHB, con la gran transcendencia que esto supone. Afortunadamente, como posteriormente veremos, hoy disponemos de estrategias extraordinariamente eficaces para evitar la transmisión materno-fetal. La lactancia materna no parece aumentar el riesgo de transmisión vertical del VHB, sobre todo cuando se instauran las medidas preventivas que más adelante expondremos.

La transmisión horizontal es la que se produce entre personas que conviven en el mismo espacio. Se considera que se debe al contacto de sangre o de fluidos orgánicos contaminados con soluciones de continuidad de la piel y/o de las mucosas.

La transmisión parenteral, que ya hemos señalado, es conocida desde antiguo. De hecho clásicamente a la HB se le llamó también hepatitis sérica (SH) o hepatitis de “jeringuilla”. En la actualidad la transmisión del VHB a través de transfusiones de sangre y hemoderivados en muy poco probable por las medidas que se toman en los Bancos de Sangre, respecto al control de los donantes, control de la sangre antes de administrarse, etc. Sin embargo la adición a drogas por vía parenteral es un comportamiento de altísimo riesgo de infección por el VHB y es una causa frecuente de HB aguda y crónica en los drogodependientes en los países desarrollados. También la acupuntura, tatuajes, perforaciones para pendientes, piercing, etc., son posibles mecanismos de transmisión de infección por VHB.

El riesgo de desarrollar un estado de portador crónico es inversamente proporcional con la edad del sujeto, siendo más elevado cuanto menor sea la edad. De hecho del 70-90% de los lactantes infectados en el periodo perinatal desarrollarán una infección crónica por VHB, (ver figura 3); esta cifra desciende al 25-50% si los niños se infectan por debajo de los 5 años y solo el 6-10% de adultos infectados por el VHB se convierten en portadores crónicos de la infección (ver figura 4).

Como queda expresado, cuanto menos edad tiene el paciente en el momento de la infección por el VHB, mayor es la probabilidad de convertirse en portador crónico, disminuyendo este riesgo a medida que la infección por el VHB es más tardía (ver figura 5).

Otros factores que pueden influir en la evolución para convertirse en portadores son: el sexo: los varones tienen más probabilidades que las mujeres de hacerse portadores crónicos del VHB y la ictericia: los pacientes que cursan sin ictericia tienen mayor riesgo de hacerse portadores crónicos que los que cursan con ictericia.

La HB puede expresarse clínicamente, como le ocurría a la Hepatitis A, por una distinta gama de posibles manifestaciones que van desde las formas asintomáticas, a las formas sintomáticas incluso a formas fulminantes. En la figura 10 se recoge el curso evolutivo de la Hepatitis B aguda.

El periodo de incubación de la HB oscila entre 2 y 6 semanas.

Las formas asintomáticas no cursan con ninguna manifestación clínica y son relativamente frecuentes ya que hay una gran cantidad de sujetos que muestran datos serológicos de haber superado una infección por VHB o de ser portadores crónicos del VHB, sin que en su historia clínica se recojan datos positivos de tal infección.

Las formas sintomáticas cursan con una fase prodrómica con una serie de manifestaciones tales como cansancio, anorexia, náuseas, mialgias, manifestaciones cutáneas semejantes a la enfermedad del suero o con un exantema papulosos de localización acral (síndrome de Gianotti Crosti) o con una glomerulonefritis que son manifestaciones derivadas de la presencia de inmunocomplejos en suero. Seguidamente se asiste a un incremento de las cifras de transaminasas y de los niveles de bilirrubina sérica, en las formas ictéricas, junto con el resto de manifestaciones clínicas (coluria, heces hipocólicas, dolor abdominal, hepatomegalia, etc. Por otra parte la evolución serológica cursa tal como se recoge en la figura 6, en los casos de curación con aclaramiento del VHB.

En los individuos que no son capaces de aclarar el VHB se produce la infección crónica por este virus, que puede seguir dos patrones fundamentales: 1) una enfermedad hepática crónica con elevación de la cifra de transaminasas y anomalías histológicas hepáticas en forma de hepatitis crónica persistente o de hepatitis crónica activa y 2) un estado de portador asintomático con normalidad de las enzimas hepáticas y de la biopsia pero con posibilidad como los anteriores de transmitir la infección por el VHB.

Como ocurría en la Hepatitis A un pequeño porcentaje de casos pueden cursar con una hepatitis fulminante y también la evolución de la infección por el VHB va a ser edad-dependiente. En el periodo perinatal la infección sintomática por el VHB es rara. Si existe exposición como ocurre cuando la madre es portadora y se produce la transmisión vertical del VHB, el neonato desarrolla infección crónica en el 90-95% de los casos si no se hace la oportuna profilaxis en el momento del nacimiento (gammaglobulina específica y primera dosis de vacuna contra el VHB, que se repite al mes y a los 6 meses). La mayor parte de estos neonatos se convierten en portadores asintomáticos. Después del periodo neonatal y hasta los 5 años de vida el riesgo de infección crónica por VHB es aproximadamente del 30% tras contraer la Hepatitis B, mientras que en los niños mayorcitos y adultos la mayoría de los infectados por el VHB, aclaran el virus, superan la infección y solo un 3-5% se convierten en portadores crónicos (ver figura 7).

El diagnóstico de Hepatitis B aguda no se puede establecer basándose en criterios clínicos, sino que es necesario la identificación de marcadores serológicos específicos (ver tabla II). El primer marcador en aparecer en el suero, en el caso de infección por VHB, es el HBsAg, su presencia indica infección activa y precede a las manifestaciones clínicas y bioquímicas de la hepatitis. Los pacientes que se curan de una Hepatitis B generan anticuerpos contra el HBsAg (anti-HBsAg) lo cual traduce el desarrollo de inmunidad frente al VHB. Estos anticuerpos que ya se detectan durante la fase sintomática de la enfermedad alcanzan su pico máximo unos meses más tarde. Suele haber un periodo ventana entre la desaparición del HBsAg y la presencia de los anti-HBsAg. Durante este periodo ventana, la infección por VHB también puede detectarse mediante la determinación de los anticuerpos anticore (anti-HBc). Anticuerpos IgM frente al HBcAg (IgM-anti HBc) ya son detectados al inicio de las manifestaciones clínico-bioquímicas de la Hepatitis B, alcanzan su máximo nivel coincidiendo con la desaparición del HBsAg y dejan de detectarse cuando aparecen los anti-HBs.

Los anticuerpos IgG frente al HBcAg (anti-HbcAg) también aparecen al inicio de las manifestaciones clínico-bioquímicas de la enfermedad y pueden persistir durante años si la replicación viríca continúa, como es el caso de las evoluciones crónicas. Debemos recordar que el antígeno core del VHB no es detectable en el suero sino en el tejido hepático.

La presencia del antígeno e (HBeAg) está relacionada con la existencia de partículas víricas completas en la circulación y es un marcador de infectividad que potencia la posibilidad de transmisión de la infección. Cuando aparecen los anticuerpos anti-e (anti-HBe), el HBeAg desaparece de la sangre. Otros marcador de replicación viral es el ADN-VHB, que cursa y evoluciona de forma casi paralela con el HBeAg (ver figura 8).

Cuando la evolución de la Hepatitis B no es hacia la curación, con el aclaramiento total del VHB, se asiste a la infección crónica con evidencia clínica de hepatitis y persistencia del HBsAg durante más de seis meses. Se confirma mediante la documentación de la replicación viral a través de la presencia del antígeno e y del ADN-VHB en suero, en ausencia de anticuerpos frente al HbsAg (anti-HBsAg). En este caso la evolución de marcadores es la que se recoge en la figura 9.

Los pacientes con daño hepático crónico por VHB pueden encuadrarse, dependiendo de las lesiones histológicas que presenten, como hepatitis crónica persistente o como hepatitis crónica activa. En la hepatitis crónica persistente la inflamación esta limitada al área del espacio porta. La hepatitis crónica activa muestra un cuadro histológico más agresivo con células inflamatorias en el espacio periportal y/o presencia de “piecemeal” necrosis (ver figura 10  y  figura 11).

Debemos considerar que la Hepatitis B crónica, no es un cuadro estático sino dinámico y evolutivo, que puede progresar hacia una hepatopatía crónica en el sentido de una cirrosis post-hepatitis o de un hepatocarcinoma, o incluso aunque menos habitualmente, puede ocurrir una mejoría espontánea.

La infección persistente sin evidencia de daño hepático define a lo que se conoce como estado de portador. Muchas veces el conocimiento de esta situación es puramente accidental ya que estos pacientes no tienen historia previa relevante ni manifestaciones clínicas ni bioquímicas de la enfermedad y solo el estudio de marcadores con la presencia del HBsAg permite detectar su situación de portadores sanos de infección por el VHB. Este estado debe conocerse no solo para hacer un seguimiento de estos pacientes sino también para evitar que transmitan la infección en su entorno familiar, a través de relaciones sexuales o como donantes de sangre.

Respecto al tratamiento no existe una terapia específica frente a la Hepatitis aguda por VHB. El paciente debe ser hospitalizado en caso de fallo hepático agudo con coagulopatía, para su constante valoración clínico-biológica y para evaluar en caso necesario terapias más agresivas incluso el transplante hepático.

Respecto a las formas crónicas de Hepatitis B hoy se recurre a la administración de interferon alfa-2b exógeno que desde 1992 está aprobado por la Food and Drug Administration en adultos. También ha sido propuesta la administración de Lamivudina (3TC), un análogo de los nucleósidos, que es capaz de inhibir la replicación tanto del VIH como del VHB. Prácticamente en el 100% de los enfermos tratados, el DNA-VHB se hace indetectable y la biopsia hepática sufre una evidente mejoría.

En la tabla IV se recogen las principales características del VHB.

Dada la gran difusión de la infección por el VHB en el mundo, la medida más eficaz para su control radica en su profilaxis mediante la vacunación. Las vacunas iniciales o de primera generación contra el VHB se obtuvieron mediante inactivación del virus presente el plasma de portadores del HBsAg, por lo que se denominaron vacunas plasmáticas. En la actualidad estas vacunas están en desuso en nuestro medio. Hoy utilizamos vacunas de segunda generación obtenidas por recombinación genética, clonando los genes que codifican la síntesis del HBsAg, por lo que se denominan vacunas recombinantes. En la tabla V, se recogen las vacunas contra la Hepatitis B, exclusivamente, disponibles en España. También existen otras vacunas combinadas de Hepatitis B que incluyen otros antígenos como por ejemplo: Vacuna HB + DTPe (Tritanrix-Hep B); Vacuna HB+DTPa (Infanrix Hep B); Vacuna HB + HH (Twinrix); Vacunas pentavalentes (DTPa/HB/VPI) y vacunas hexavalentes (DTPa/HB/Hib/VPI).

Las pautas de vacunación contra la Hepatitis B van a depender de la edad del individuo y de su situación concreta.
 

- En los recién nacidos hijos de madres portadoras del VHB, es decir HBsAg positivas, se administrará, ya en la sala de partos, o en las primeras 12 horas de vida, una inyección de inmunoglobulina específica frente al VHB (IGHB) de 0,5 mL, por vía IM, y en zona distinta la primera dosis de la vacuna anti-VHB, repitiendo la segunda dosis al mes de vida y la tercera dosis a los seis meses.

- En los recién nacidos hijos de madres no portadoras del VHB no se administrará la IGHB y se pondrán las tres dosis de vacuna al nacimiento, a los 2 y a los 6 meses o bien al 2°; 4° y 6° mes de vida

- A los niños hasta los 15 años que necesiten vacunarse, se administrará la vacuna infantil contra el VHB, dando la primera dosis en el momento que se decida su aplicación, la 2a al cabo de 1 mes y al 3a que se pondrá a los 6 meses de la primera dosis.

- En adolescentes y adultos, se aconseja la misma pauta, pero utilizando la vacuna para adultos, que lleva el doble de dosis tanto en la vacuna Engerix B como la Recombivax HB.
 

Las vacunas disponibles contra el VHB se administran por vía intramuscular en la región anterolateral del muslo, en el vasto externo, en recién nacidos y lactantes. En niños mayores, adolescentes y adultos se aplicará en el deltoides. No se debe administrar esta vacuna en la región glútea ya que aplicada en esta zona tiene una menor antigenicidad y genera una respuesta de anticuerpos más pobre. Se trata de una vacuna segura y eficaz con una escasa reactogenicidad, con una excelente inmunogenicidad cuando se administra de forma correcta y completa y que es compatible con el resto de las vacunas, lo que permite su administración combinada con otros antígenos.

En la tabla VI se recogen los grupos de alto riesgo donde está indicada la administración de la vacuna anti-VHB.

Respecto a la duración de la protección que confiere la vacuna contra el VHB, tras completar el protocolo de tres dosis propuesto, no está definitivamente establecida ya que depende de múltiples factores. Convencionalmente se ha establecido que el nivel de protección se sitúa en un título de AC-antiHBs mayor o igual a 10 mUI/mL, por lo que debería recomendarse una dosis de recuerdo cuando el nivel cayera por debajo de este límite.
 

 

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